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El Vocerito
El Vocerito

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Desde que llegamos al mundo nos expresamos y podemos descubrir los sonidos de nuestro entorno, ya desde el vientre materno.

La música, el arte y el juego, una via de encuentro

Al nacer, esos sonidos nos entrelazan al mundo que ya veníamos oyendo. Hay voces más familiares que otras, música, pasos y a eso se le agregan los gestos y las intenciones propios y de los otros. Así comenzamos a comunicarnos al tiempo que las necesidades corporales marcan ritmos y acontecimientos haciendo que el tiempo suceda en momentos únicos. Siendo aún muy pequeños estamos atentos y sabemos “escuchar” cuando nuestro cuerpo llama. Pero, ¿dónde queda esta escucha del cuerpo y del entorno al ir creciendo? Como es sabido, la danza, la pintura, el dibujo y el arte en general acompañan el crecimiento.

También son formas de comunicarse, en las cuales lo gestual, lo rítmico y lo sonoro siguen presentes, aunque ahora adquieren otro valor, se hace presente aquí, el valor estético. Es allí donde no debemos perder de vista lo verdaderamente importante:

 

Que lo estético no deje de lado aquello que en la infancia tuvo su lugar predominante y acompañó en mayor o menor medida el proceso creativo: hablamos del Juego. Un juego que maravillosamente abre camino, siempre presente, con sus reglas, a solas o compartido. Pero dejando ser aquello que surge del ser humano.

 

Y podemos preguntarnos nuevamente: ¿Dónde queda todo esto al ir creciendo? Al pasar del tiempo ¿qué lugar ocupa en los hogares, en el colegio y en el trabajo diario el juego y la escucha del cuerpo y del mundo?

 

Podemos esbozar que queda allí donde no dejamos que ni la crítica, ni los juicios de valor sobrepasen el valor de la expresión, de la exploración y la experiencia vivida para revalorizar y hacer renacer en nosotros la pasión, el encanto y el placer mismo en el quehacer cotidiano. Rescatando el juego y el humor como revitalizadores y motivadores de nuestro día a día, en cada uno de nuestros espacios, con cada persona con quien deseemos comunicarnos y expresarnos.

 

Que aquellas formas de comunicación y expresión sin prejuicios y llenas de ritmo y escucha sigan presentes más allá de los resultados, valorando el camino transitado en el aprendizaje, tan solo por saber que allí está el sabor de lo aprendido, sea en la escuela, en los hogares o en el trabajo y que, maravillosamente demos un tiempo y un lugar a la creación personal y colectiva donde no solo nos comuniquemos sino que hagamos re-nacer otros canales de expresión para nuestras ideas, sensaciones, percepciones dando lugar a reinventarnos y jugar a ser aquello que deseamos ser.

 

SILVANA ALTAMURA (Licenciada en Psicomotricidad)

Para MUSARTLUDIO – Club de Musica