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El Vocerito
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Existen dos nociones que nos acompañan desde nuestros primeros años de vida: juego y aprendizaje.

Aprender jugando

A juicio de muchos, dos nociones opuestas; mientras una suele vincularse al estudio, la responsabilidad y por tanto, a la seriedad, la otra se la vincula al entretenimiento, la distracción y finalmente, a la mera ociosidad.

Pero, ¿son nociones realmente opuestas o se trata de una falsa dicotomía? Jugar, al igual que aprender, son acciones, requieren de un rol consciente e intencional por parte del sujeto de acción. En ese sentido, son habilidades: contar con la capacidad y la disposición para hacer algo determinado.

 

Ocurre que, para desarrollar habilidades, debemos sostener cierta atención en la actividad que implica su acción, lo cual demanda un esfuerzo que, si no logramos sostener en el tiempo en que dura dicha actividad, produce cansancio y dispersión, generando paulatinamente en el sujeto, una sensación de rechazo frente a la ocasión de concretar dicha actividad. Podríamos alegar que al sujeto “le faltaba voluntad”, para aprender, o bien, que “no tenía ganas”, de jugar.

 

Ciertamente, hay que tener interés, ganas, voluntad, para jugar o aprender; alguno dirá: el sujeto tal vez cuenta con capacidad, mas no con disposición. Pues, ¿cómo incentivarlo? Acaso, desarticulando viejos prejuicios: ni aprender siempre es aburrido; ni jugar siempre es divertido.

 

Quien aprende, no acumula datos como tinta una hoja en blanco; más bien, enriquece su mirada del mundo apropiándose, a partir de ciertas reglas, de una diversidad de recursos, no muy distinto a quien juega: cuando jugamos, nos apropiamos de nuestro entorno transformándolo circunstancialmente con reglas de nuestra imaginación. En ambos casos, se siguen reglas.

 

¿Cómo seguir las reglas? Podríamos interpretar una cita famosa de Nietzsche en esta clave: si “la madurez de un adulto consiste en recuperar la seriedad con que jugaba cuando era niño”, entonces, ser un adulto maduro puede ser tan divertido como un niño responsable con su juego. Niños y adultos, podemos aprender jugando, tanto como jugar aprendiendo.

 

MAXIMILIANO MENDOZA (Profesor de Música)

MUSARTLUDIO – Club de Música